El navegante zozobra, el mercader se esclaviza.
La mujer se adorna
Y, cruelmente el acarreado se idiotiza…
Los acarreados de hoy en día, resultan ser el alma, sustento imprescindible de la fiesta electoral.
Acuden si, unos presionados por sus líderes ramplones, otros incluso van con toda la prole sabiendo que más que la fe en el candidato los impulsa la distracción en un transporte de ida y regreso y desde luego sumidos en el conformismo que los lleva a la torpe satisfacción a recibir las miserias, como la torta, la fruta, el refresco, la gorra, la camiseta y desde luego con las siglas del partido en cuestión. El acarreado es el lumpen que favorece al ego de los candidatos, el mismo que aplaudirá por inercia el discurso colmado de egolatría y surtido de demagogia.
