Roberto Gómez Navarrete.
“México creo en ti... El niño Dios te escrituro un establo
Y, los veneros de petróleo ¡el diablo!”: Ramón López Velarde.
Con trescientos votos a favor del PRI y sus satélites, amén de un PAN veleidoso y convenenciero, se concretó la nueva ley de hidrocarburos, bajo una reforma energética, que a decir de muchos relumbra de opacidad, la cual supuestamente hará al país dueño económicamente en su desarrollo a la vez competitivo ante los industriales de todo el mundo. Con ello, propiciando el bienestar de todos los mexicanos, en un futuro nutrido de incertidumbres en ausencia de claridades. Una quimera más que el régimen ofrece como gran alternativa del progreso del país atorado desde ha muchos años.
Sin embargo la resolución legislativa no ha contemplado los riesgos y costos agropecuarios ni ambientales directamente proporcionales a la fiebre del “oro negro” desatada. Dando lugar a que tanto ejidatarios y comuneros se rebelen en contra de lo que daña sus intereses.
-¡Se ha dado una estocada al agro!- Así lo han manifestado valientemente rechazando que sus predios sean “por ley” susceptibles de perforarse en la búsqueda tanto de petróleo como de gas natural. Y que de concretarse tal agravio, además de ofender su capital natural, los empujara no sólo a emigrar sino también a yacer en los territorios del hambre y la pobreza.